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Calidad del aire. “Química en el hábitat”

La calidad del aire de un núcleo urbano difiere bastante de la de un núcleo rural y de la de una zona aislada situada en plena naturale­za, pero la calidad del aire de un inmueble depende más de factores intrínsecos al interior que de los del exterior del mismo. Son múl­tiples los factores que introducen contaminación química en el ho­gar, como el tipo de materiales de construcción, los componentes sin­téticos de las pinturas de las pare­des, los materiales de las tapicerías y del mobiliario, y sobre todo hay que hacer mención especial a los químicos presentes en los produc­tos de limpieza que utilizamos en nuestras viviendas, escuelas u hos­pitales, para realizar una correcta asepsia bacteriana, pero que in­troducen sustancias químicas que pueden provocar serios problemas de salud a las personas y también daño medioambiental. Todo ello contribuye a que la calidad del aire interior merme y llegue a ser insano. Hay que considerar que cada vez hay más personas que se ven afectadas por el síndrome de sensibilidad química múltiple.

También podríamos mencionar otros compuestos que a menudo están presentes en el aire ambien­tal y que pueden ser dañinos como el formaldehído, el benceno y un largo etcétera, que deberán plantearnos la búsqueda de opciones de “química dulce” o no tóxica, a la hora de comprar productos de limpieza, cosméticos, pinturas, mobiliario y materiales de cons­trucción y decoración.

Uno de los componentes impor­tantes a considerar en la calidad del aire interior, es el monóxido de carbono (CO), un gas incoloro e inodoro que se produce a partir de procesos de combustión de mo­tores, cocinas, sistemas de calefac­ción, quemas de carbón, madera. El CO por inhalación resulta tóxi­co e incluso letal y hay que evitar que se acumule en los espacios habitados.

Fuente: Cuaderno de Geobiología y Biohabitabilidad GEA

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