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Contaminación eléctrica y electromagnética.

El magnetismo y la electricidad son fenómenos asociados e inse­parables, de modo que el electro­magnetismo surge de la interac­ción de los fenómenos eléctrico y magnético. Aunque la electri­cidad es un fenómeno en el que aparecen asociados la presencia de ondas –campos magnéticos– y de partículas en forma de electro­nes libres –campos eléctricos–, en la práctica hay circunstancias en las que nos hallamos ante un claro fenómeno de contamina­ción eléctrica producida por los intensos campos eléctricos que se desprenden de las paredes por las que pasan cables con corriente alterna o por electrodomésticos que no cuentan con una correcta toma de tierra; en otras circuns­tancias el mayor problema es el de la contaminación electromag­nética y se asocia con la presencia de intensos campos magnéticos en la cercanía de transformado­res de voltaje, motores eléctricos, resistencias eléctricas en cocinas o cerca de tendidos de alta ten­sión e incluso en los cables de mediana o baja tensión del trans­porte eléctrico urbano. Si bien el ser humano ha evolucionado ex­puesto constantemente a campos eléctricos y electromagnéticos na­turales, desde principios del siglo XX se ha incrementado en miles de veces la intensidad de la elec­tricidad ambiental debido a la influencia de campos electromag­néticos artificiales (CEM) genera­dos por líneas de alta tensión, re­des eléctricas, transformadores, antenas de radio y telecomunica­ciones, pantallas de ordenador o por los electrodomésticos; tanto en nuestras casas, como en las escuelas y los lugares de trabajo, alterando el conjunto del medio ambiente eléctrico y electromag­nético natural y afectando en mayor o menor medida a nuestra salud. La mayoría de los fenómenos de contaminación eléctrica y elec­tromagnética en nuestras casas aparecen al crearse unos campos eléctricos y campos electromag­néticos a partir de corrientes eléc­tricas alternas (50 Hz en Europa y 60 Hz en América) que discu­rren por cables conductores o en los bobinados de transforma­dores, motores eléctricos y otros equipos eléctricos o aparatos electrodomésticos.

Generalmente preocupan más las líneas de alta tensión que la de los pequeños electrodomésticos y si bien los campos generados por al­gunos aparatos eléctricos pueden ser inferiores a los de las líneas de alta tensión o transformadores, si­guen siendo miles de veces más in­tensos que los naturales, aunque a menudo su radio de acción es pe­queño y el tiempo de uso limitado.

Los efectos de los CEM en la salud depen­den princi­palmente de la frecuencia de la radiación, la intensidad del campo, el tamaño y la morfología del sujeto expuesto.

 

Fuente: Cuaderno de Geobiología y Biohabitabilidad GEA