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Jueves 04 de Julio de 2013 10:36

MAP Radiestesia · Cercedilla 25 y 26 de mayo'13


El fin de semana del 25 y 26 de mayo tuvo lugar el MAP de Radiestesia promovido por GEA, que se celebró en la Casa Rural y de Salud “Los Castaños” de Cercedilla, Madrid. Contamos por la participación de Javier Petralanda - licenciado en Ciencias Sociales, Geobiólogo y Radiestesista-, y de Daniel Rubio, - psicólogo y psicoterapeuta, impulsor del concepto de Geobiología consciente-, con la asistencia de un gran número de asociados, prospectores y estudiantes en curso.


Comenzamos la primera jornada con un ejercicio de relajación, de la mano de Daniel Rubio, para centrarnos en el lugar y establecer conexión con nosotros mismos, a fin de abrir nuestros sentidos y prepararnos a percibir, sentir y resentir, conceptos muy presentes durante todo el fin de semana.
A continuación, Javier Petra landa hizo un recordatorio de las claves del trabajo radiestésico, el desarrollar nuevos órganos de percepción, estructurar el subconsciente de forma que, cuanto más sepamos sobre lo que buscamos, más fácil nos resultará el trabajo, y darnos tiempo para adaptarnos a esta nueva percepción. En definitiva, agudizar los sentidos que ya tenemos y que manteníamos dormidos. Estar tranquilos, tener paciencia, vaciarnos de prejuicios, tener una atención plena, todo ello nos acercará a realizar un trabajo desde nuestro sentir más profundo. Como decía Javier, estar abierto a captar información a través del corazón, poner nuestra mente al servicio del corazón.
La Tierra y todos los seres vivos que la habitan comparten la Vida, cualquier actividad está supeditada al ritmo que marca la naturaleza, a sus latidos, debemos suprimir las barreras que nos alejan de la Tierra y acercarnos a ella con respeto y humildad.
Así pues, en palabras de Javier, la armonía interior, la sintonización empática, la neutralidad mental y concentración, la paciencia y la humildad, son los requisitos que debemos incorporar a nuestra actitud.
Seguimos la jornada con Daniel Rubio, con ejercicios de sentir y resentir. Sentir la energía de la sala donde estábamos ubicados, desde diferentes puntos, sentir la energía de nuestros compañeros, de forma individual y colectiva, todo ello con las manos, sin la utilización de ningún instrumento, las sensaciones que captamos con nuestras manos nos dan mucha información y debemos aprender a interpretarla.
Trabajamos con el pensamiento, evocando acontecimientos vividos, desde la alegría y goce hasta la tristeza y pesadumbre, y pudimos comprobar cómo varía nuestro campo etérico con movimientos de expansión y contracción.
Desde su ámbito de la psicología, Daniel nos habla sobre la responsabilidad, de nuestra propia vida, de todo cuanto nos acontece, darnos cuenta de nuestra responsabilidad, tomar las riendas, nos acerca a recuperar nuestro propio poder. Resaltó la importancia de trabajar en nosotros mismos, encontramos a fuera lo que tenemos en nuestro interior, así construimos nuestra realidad, ser conscientes de ello nos predispone a poner el corazón al servicio de los demás y del planeta. Repitió con insistencia la frase “no os creáis nada y estad abiertos a todo”, de forma que no pongamos límites ni a nuestra experiencia ni a nuestras ideas.
Estamos viviendo un momento privilegiado, un momento de cambio, nuevos paradigmas y nuevos horizontes se abren para nosotros, es importante estar atentos, aprender a vivir desde el compartir, recuperar la relación con lo sagrado, que pasa por la relación con nosotros mismos, para contribuir a que el mundo cambie desde un nuevo resentir.
Seguimos con Javier haciendo un trabajo de resonar con distintas piedras, cuarzo, turmalina, jade, rubí,... conociendo algunas de sus características. Las piedras son expresiones telúricas del lugar de donde proceden. Nos enseñó cómo se puede armonizar un espacio a través de las piedras, utilizando nuestro pensamiento, con la intención de transmutar la energía.
El domingo por la mañana lo dedicamos a hacer un ejercicio en el campo buscando punto de resonancia con nuestras emociones, tristeza, alegría, amor, y relacionar estos puntos con las posibles geopatías que allí pudieran encontrarse. Unos momentos para abandonar el alma y resonar con la Tierra.
Ha sido un fin de semana intenso, vivido desde el corazón, dejando de lado el intelecto, mejor dicho, poniéndolo al servicio de nuestro resentir.
Cierro este resumen con una frase escuchada en clase, que me conecta con lo esencial: “la Tierra es cómplice de nuestra propia evolución, y nos lleva allí donde debemos aprender algo. Si estamos atentos, nuestra mirada se volverá más amplia, clara y libre de prejuicios”.
Un GRACIAS en mayúsculas, a GEA, a Javier Petralanda, a Daniel Rubio, y a todos los compañeros que compartimos esta experiencia.


Por Anna Colomer