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Entendemos la Bioconstrucción como el acto de construir preservando la vida, la vida de los que habitan en lo que construimos, las personas, y la vida del entorno que soporta lo que construimos, los ecosistemas, la tierra. Es una necesidad intrínseca a la función de habitar el que la casa transpire, que no acumule gases tóxicos, ni radiaciones naturales y artificiales, ni emisiones tóxicas, que su mantenimiento sea óptimo, que sean duraderos y que el modo de producción de los mismos sea sostenible, es decir que tenga la menor repercusión sobre el entorno.

En Bioconstrucción valoramos los materiales utilizados en la obra desde su análisis de ciclo de vida: es decir la extracción, transformación, manipulación, uso y reciclaje o reintegración en la naturaleza. Procuramos que el material sea lo menos contaminante posible en todos sus posibles impactos medioambientales, usos de los recursos, toxicidad, emisión de CO2, acidificación, etc...

La Bioconstrucción camina de la mano de la geobiología, sin un buen estudio sobre el entorno y un análisis del telurismo y campos electromagnéticos artificiales, no tiene sentido construir muy “bio”  ya que no vamos a garantizar la salud de los habitantes del edificio bioconstruido. También camina de la mano de la bioclimática, sin un buen diseño según los condicionantes climáticos del lugar, una construcción “bio” se quedaría coja, no cumpliría unos criterios de aprovechamiento de los recursos energéticos naturales, el sol, el viento y la topografía.